Proviene del latin vulgar quassiare y del clásico quassare, que significa "golpear violentamente" o "sacudir con fuerza".
La idea original es que, quien se queja "sacude" el ánimo de los demás o expresa un dolor que quebranta el espíritu.
Históricamente, el término comenzó a usarse con el significado de "aquejar" o "afligir" antes de adoptar el sentido de reclamo o lamento.
Me resultó muy llamativo al principio y luego hasta muy lógico que el origen de la palabra primero haya estado dirigido tan claramente hacia afuera. No porque en la idea que tenemos de la queja esto no esté, sino porque está mucho más camuflado a mi parecer.
Cuando pensamos en alguien que se queja, -o al menos cuando yo lo pienso-, lo relaciono mas a quien se pone mas del lado de la "víctima" que del "victimario", y de acuerdo a este origen queda bien claro que quien se queja es quien esta golpeando y sacudiendo.
No considero que sea una cuestión mejor o peor en si, pero si ayuda esta distinción y discriminacion a ampliar el foco con el cual atender a que pasa, además de que nos pasa, cuando se instala la queja.
Una vía que me resulta de altísima importancia y valor es, primero, reconocerla.
Me estoy quejando?
Me están planteando una queja?
¿Qué diferencia una queja de un reclamo?
Reclamo: gritar algo una y otra vez, exigir algo con insistencia. La diferencia principal entre queja y reclamo radica en el motivo y el objetivo: un reclamo remite a una disconformidad puntual y busca una solución o compensación. Una queja es una manifestación de insatisfacción que suele ser un "desahogo" sin exigir un resarcimiento directo.
Esta distinción la considero clave porque la idea no es que entonces tengo que estar de acuerdo con todo para no jugarla ni de víctima ni de victimario o no ser un "quejoso", sino que, si se encuentran cuestiones que generan disconformidad, comprender con claridad cuales son, nombrarlas y definir que pretendo para resarcir o solucionar esa cuestión, es algo muy útil para aportar y refinar situaciones en todo ámbito, estimulando también las capacidades de negociación y los procesos de mejora continua.
Sin embargo, la queja, al anclarse en un desahogo, sin definir resoluciones, lo que está queriendo es otra cosa, y una de ellas es seguir quejándose.
Si empezamos a considerar que ese "estado" - porque de acuerdo con esta lógica sería como un bucle que se retroalimenta a sí mismo para sostenerse como tal- no solo afecta a quien se queja sino que "sacude y golpea el ánimo de los demás quebrantado el espíritu", nos tiene que sacudir para el otro lado!, exigiendonos atenderla con mayor urgencia.
¿Qué digo cuando me quejo?
¿Cuales son los motivos que nombro por los cuales me quejo?
¿Los estoy escuchando y comprendiendo con claridad?
¿Cómo resolvería mi queja? -lo cual ya lo acercaria mas a un reclamo-
¿Quiero de verdad esa resolución?
Que lugar ocuparía yo si ya no sostengo esa queja? ¿Quién sería si ya no me quejara de eso?
Estas son preguntas tan poderosas que pueden sacudir la vida entera. Ya el hecho de entender que escuchar a la queja me traería respuestas, me exige gran atención y también me propone soluciones!
Por eso, uno de los ejes del proceso que realizamos en nuestras Mentorías es este, escuchar esa queja, porque, aunque no lo creas, eso es parte del estilo de quien se queja y, una vez puesto a la Luz, la decisión de sostenerlo o no y que eso sustente lo que queremos en nuestra vida, pasa a ser de cada quien, con lo cual, dejaría de ser una queja.
Gracias por leer e interesarte en estas palabras, que ojalá te resuenen como hilo para acompañarte al encuentro con el Estilo alineado con vos.
Abrazo de Oro
Mara CF
